Una actividad habitual en los jardines de infantes es el trabajo con el nombre propio. Ya hace más de veinte años, Emilia Ferreiro señalaba que el nombre propio es una escritura singular con una fuerte carga emocional, que no puede ser comparable a la carga emocional de otras escrituras neutras, dado que el nombre propio escrito es parte de uno mismo, de la propia identidad.
Presentar situaciones didácticas con el nombre de cada niño del aula, permite plantear actividades de reconocimiento del propio nombre y del nombre de los compañeros y de ese modo propiciar la reflexión de los niños sobre el lenguaje escrito.
Algunas recomendaciones para la presentación del nombre escrito:
• Hacerlo en carteles. Los carteles pueden confeccionarse en cartón, de tamaños, formas y colores idénticos, lo único que debe diferenciar un cartel de otros debe ser las escrituras.
• Se escriben en letra de imprenta mayúscula, por ser el tipo de letra más conocida por los niños.
• Los carteles sólo deben tener escritos los nombres, sin ningún acompañamiento gráfico. No requieren ni la foto, ni ninguna ilustración que ayude a la identificación inmediata, pues la rapidez en el reconocimiento no sería el propósito didáctico que orienta estas actividades.
• Ha sido muy común presentar el cartel acompañado de la foto del niño, o de una figura fácil de recordar (siguiendo los viejos criterios de presentación de contraseña) o de un dibujo hecho por los niños a fin de facilitar su reconocimiento. Sucede que con esas ayudas lo que hacemos es que los niños focalicen su atención en lo que acompañan al nombre, es decir los niños identifican el contexto gráfico y no el texto, que es lo que nos debe interesar para que empiece a formularse interrogantes sobre el sistema de escritura.Una de las actividades permanentes a desarrollar en el aula es la lectura de su nombre y el de sus compañeros a través del uso de carteles como el de asistencia, cuadro de responsabilidades, registro de préstamo de libros, entre otros.
Cuando los niños y las niñas se enfrentan a la lectura de su nombre escrito en el cartel, necesitan que la docente les brinde información indispensable para poder interpretarla. La forma que tiene de brindarles esa información es leer, mostrar y si es necesario acompañar la lectura con señalamientos globales de los nombres escritos. Los lee, como lee habitualmente un adulto, sin pronunciar exageradamente, sin silabear, sin acompañar la emisión con palmoteos.
Situaciones didácticas con niños de 5 años:
La docente selecciona un grupo de carteles con los nombres de los niños y las niñas, los lee sin identificarlos y les solicita que localicen "dónde dice" cada nombre leído ("Acá dice..., dónde dice..."). Con esta actividad lo que se propone a los niños es coordinar diversas informaciones para interpretar lo escrito, evitando propiciar la sonorización o descifrado de cada una de sus letras. Aquí los niños y las niñas tienen oportunidades de considerar, progresivamente, la información cualitativa y cuantitativa aportada por el texto.
Para sortear qué niño o niña será el que lleve a su casa el cuaderno viajero o traiga la noticia del día, la docente extrae un nombre de una bolsa o caja. Muestra a los niños el cartel –JUAN- y sin leerlo pregunta qué dice en el mismo. Juan no lo reconoce y sus compañeros prueban con otros nombres ANACLAUDIA, PILAR, BRAYAN. Para ampliar la información disponible, la docente aporta otros datos a la situación:
“yo voy a sacar otro cartel, para ayudarlos a leer que es lo que está escrito en este que salió primero”. Escoge el cartel MARIA FLORENCIA, lo coloca junto al anterior y comenta:” En uno dice “Maria Florencia” y otro “Juan” – sin señalarlos – ¿cuál es el cartel que dice Juan?.
En este caso los niños y las niñas pueden establecer algunas relaciones cuantitativas entre el enunciado oral y el escrito.
En el ejemplo los niños intentan brindar una justificación tomando en cuenta alguna pista presente en el texto: "Dice ‘Juan’ (en JUAN) porque es menos. Porque cuando dices ‘Ma... ría... Flo... ren... cia’ lo dices más largo, no ves que tiene dos" (refiriéndose a ambas palabras).
La docente puede complejizar la actividad, por ejemplo en una lista de responsables del préstamo de libros de la biblioteca, ella propone reconocer el nombre de los tres niños que la encabezan, para ello escoge tres nombres: MARIANA, MARTÍN y ANALÍA. Lee los nombres ‘Analía’, ‘Mariana’ y ‘Martín sin señalarlos; dice “vamos a mirar la lista y decidir dónde dice cada nombre". "Tenemos que saber qué dicen estos nombres para enterarnos quién será el primero que va a anotar los libros que se prestan, quién será el segundo y quién el tercero”.
Los niños y las niñas discuten ofreciendo diversos argumentos. Para algunos dice "Martín" (en ANALÍA) porque empieza con "ma" (señalando A, atribuyendo a la letra el valor de la sílaba). Para otros, los nombres que comienzan "con ma" son "Martín" y "Mariana", pues recuerdan y verifican que "Marta" –el nombre de otra compañera– comienza con la misma letra, aunque sin lograr definir aún en MARIANA y MARTÍN, dónde dice uno y otro nombre.
Para ampliar los datos presentes en la discusión, la docente pregunta por el final de ambas escrituras. Los niños y las niñas logran establecer que "Mariana" termina con "a" o con "na", igual que "Ana o Rosana". La docente escribe estos nombres y, al comparar sus letras finales, encuentran que la escritura MARIANA es la primera de la lista ("porque termina igual, unos señalando NA y otros A"); que MARTÍN es la segunda "porque empieza igual que Mariana pero es un poquito diferente cuando termina", y que ANALÍA es la más fácil "porque es la más distinta", "porque empieza y termina con la ‘a’".
Como se darán cuenta los niños y las niñas logran considerar algunas relaciones entre las partes de la emisión oral y las partes de la escritura, anticipando en este caso en función de algunos índices relativos al valor sonoro convencional de algunas letras por ellos conocidas.
Durante las intervenciones se debe tener en cuenta lo siguiente :
Las ideas de los niños para ayudarles a comprender el sentido de la escritura, como ya señalamos, no todo los niños le atribuyen un significado estable a la escritura del nombre, ni pueden tomar, por ejemplo, índices cuantitativos y cualitativos. Es importante tener esto presente para no caer en intervenciones que terminan siendo un juego de adivinanzas y deletreo sin sentido. En las situaciones en las que se estimula el intercambio de ideas y de información, los niños pueden avanzar en el reconocimiento de la escritura de su nombre, descubrir el orden y la cantidad de las letras que lo conforman, la relación entre las partes del nombre dicho y las partes del nombre escrito, el valor sonoro convencional de las letras.
Es importante probar con más o menos carteles de manera que el niño no tenga que emplear media hora para encontrar su cartel, ni tampoco lo encuentre tan fácilmente porque sus saberes le resultan suficientes y no significa un verdadero problema a resolver y por lo tanto un aprendizaje posible.
La docente debe mostrar los carteles seleccionados, los lee sin señalar diciendo “ en estos carteles dice: Mariana, Joaquín, Sebastián y Carlos. ¿Quién me podría señalar donde dice Mariana?. Para resolver este problema los alumnos tienen que coordinar lo que la maestra dijo, contexto oral, con lo que está escrito. En ese proceso los niños empiezan a considerar progresivamente tanto la información cualitativa como la cuantitativa aportada por el texto.
Lo que se trata es de evitar la sonorización de letras, o descifrado.